Psicoterapeuta y fundadora de Sentirem
Sentirem nació de una necesidad que durante mucho tiempo fue solamente mía: encontrar a alguien con quien pudiera hablar sin tener que traducirme. Soy Lesly Luevano, psicoterapeuta mexicana y fundadora de Sentirem. Llevo más de diez años acompañando a otras personas en sus procesos emocionales, pero esta historia no comienza desde mi lugar como terapeuta. Comienza desde mi lugar como paciente.
Desde que estudiaba Psicología comprendí que, para acompañar la historia de otra persona, también tenía que atreverme a mirar la mía. Por eso, desde aquellos años acudí a diferentes tipos de terapia presencial. Me senté frente a distintos terapeutas y conocí otras maneras de escuchar, de preguntar y de comprender el dolor. Algunos procesos fueron más largos que otros, pero todos me dejaron algo.
Estar del lado del paciente me enseñó que no siempre es fácil encontrar las palabras. Que a veces llegamos a una sesión sabiendo que algo nos duele, pero sin poder explicar exactamente qué es. Que podemos necesitar varias sesiones antes de sentir confianza y que, en ocasiones, lo más importante que hace un terapeuta es quedarse ahí, escuchando, sin apresurarnos. Mucho antes de que existiera Sentirem, yo también estaba buscando un espacio donde pudiera sentirme acompañada.
Mi historia con la terapia
La terapia ha estado presente en diferentes etapas de mi vida. Primero apareció durante mi formación como psicoterapeuta. En ese momento era una forma de conocerme, trabajar mi propia historia y comprender, desde la experiencia, lo que significaba construir un vínculo terapéutico.
La universidad podía enseñarme teorías, conceptos y diferentes formas de entender la mente humana. Sin embargo, estar en terapia me enseñaba algo que no podía encontrar en los libros: lo vulnerable que puede sentirse una persona cuando decide hablar de sí misma. También me ayudó a comprender que no todas las personas necesitamos el mismo tipo de acompañamiento.
Cada terapeuta tiene una manera particular de escuchar y cada enfoque permite acercarse de forma diferente a lo que sentimos. En algunos momentos podemos necesitar más estructura. En otros, un espacio para hablar con libertad. Y también hay momentos en los que todavía no sabemos qué necesitamos.
Con el paso de los años entendí que encontrar a un terapeuta no consiste solamente en buscar un título o una especialidad. También buscamos sentir algo: confianza, cercanía, seguridad y la sensación de que podemos hablar sin miedo a ser juzgados. Esa comprensión me acompañó durante mucho tiempo, aunque en ese momento todavía no sabía que terminaría convirtiéndose en una de las bases de Sentirem.
Cuando la pandemia cambió mi manera de hacer terapia
Cuando comenzó la pandemia, nuestra vida cotidiana cambió de una manera que ninguno de nosotros esperaba. Muchas cosas que antes hacíamos presencialmente tuvieron que trasladarse a una pantalla: el trabajo, las conversaciones con la familia, las reuniones y también la terapia. Fue en ese momento cuando inicié por primera vez un proceso terapéutico online.
Al principio tuve dudas. Yo estaba acostumbrada a la terapia presencial: llegar a un consultorio, sentarme frente al terapeuta y sentir que ese espacio estaba completamente separado del resto de mi vida. La terapia online era diferente. Ahora la sesión sucedía desde casa, a través de una videollamada. Al principio tuve que aprender a encontrar privacidad, cerrar la puerta y construir mentalmente ese espacio dentro de un lugar que ya conocía.
Pero poco a poco descubrí algo que después sería muy importante para mí: la cercanía no depende únicamente de estar físicamente en la misma habitación. Podía sentirme escuchada a través de una pantalla. Podía hablar, hacer silencio, pensar y conectar emocionalmente con la persona que estaba frente a mí, aunque existiera una distancia física. La terapia online no hacía menos verdadero el encuentro.
Después, por distintas circunstancias, ese proceso se detuvo. Sin embargo, la experiencia ya había cambiado mi manera de comprender esta modalidad. Había descubierto que era posible recibir un acompañamiento cercano y profundo sin acudir presencialmente a un consultorio. Tiempo después, esa certeza se volvió todavía más importante.
Migrar también removió una parte de mí
Hace algunos años migré de México a Texas, Estados Unidos. Mudarte de país puede ser una experiencia llena de oportunidades, pero también puede remover partes muy profundas de ti.
Hay algo de la migración que no siempre se cuenta. Se habla de los documentos, del trabajo, de aprender otro idioma, de encontrar una casa y de adaptarte a una nueva ciudad. Pero se habla mucho menos de lo que sucede emocionalmente cuando dejas atrás una parte de tu vida.
Migrar también implica despedirte de lo cotidiano: de las personas que antes podías ver con facilidad, de los lugares que conocías y de ciertas comidas, sonidos, celebraciones y maneras de relacionarte que formaban parte de ti. De pronto, muchas cosas que antes resultaban naturales necesitan ser aprendidas nuevamente.
Mientras intentas adaptarte, parece que tienes que mantenerte fuerte. Tienes que resolver, avanzar y demostrarte que tomaste la decisión correcta. Hay poco espacio para reconocer que también extrañas, dudas o te sientes sola. Puedes estar agradecida por las oportunidades que tienes y, al mismo tiempo, sentir dolor por lo que dejaste. Puedes estar construyendo una vida nueva y continuar preguntándote dónde está tu hogar. Puedes sentirte feliz y triste al mismo tiempo. Eso también es migrar.
En algún momento de ese proceso sentí nuevamente la necesidad de hablar con alguien. Yo era psicoterapeuta. Sabía lo que estaba sintiendo y conocía la importancia de buscar apoyo. Pero saberlo profesionalmente no significaba que pudiera acompañarme completamente a mí misma.
No quería seguir intentando ordenar todo sola. Necesitaba un espacio donde no tuviera que ser la terapeuta, la profesional ni la persona que debía tener las respuestas. Necesitaba ser simplemente Lesly.
Necesitaba un espacio donde no tuviera que ser la terapeuta, la profesional ni la persona que debía tener las respuestas. Necesitaba ser simplemente Lesly.
Necesitaba hablar con alguien en español
Cuando decidí volver a terapia, había algo que tenía muy claro: necesitaba hablar con alguien en español. Podía comunicarme en inglés, pero no quería hacer terapia traduciendo mis emociones. No quería detenerme a buscar la palabra correcta para hablar de algo que me dolía. Tampoco quería simplificar una experiencia porque no encontraba la manera exacta de explicarla.
Quería hablar en el idioma en el que aprendí a nombrar el cariño, la tristeza, la familia, la culpa, el miedo y la pérdida. Pero había algo más. Además de buscar a una terapeuta en español, necesitaba que fuera una persona que también hubiera migrado. Para mí, eso era muy importante.
No buscaba solamente a alguien que conociera el tema de la migración desde una perspectiva profesional. Necesitaba sentir que la persona que me escuchara también sabía, desde su propia experiencia, lo que significa dejar tu país y comenzar de nuevo.
Quería hablar con alguien que pudiera comprender esas emociones que parecen contradecirse: estar agradecida y extrañar; sentir que avanzas y, al mismo tiempo, vivir un duelo; construir un nuevo hogar mientras una parte de ti continúa sintiéndose lejos de casa. Necesitaba que algunas cosas no tuvieran que ser explicadas desde cero.
Encontrar a mi terapeuta
Después de buscar, encontré a una terapeuta mexicana que también había migrado y que, al igual que yo, vivía en Texas. Empezamos a trabajar online.
Recuerdo la importancia que tuvo para mí poder hablar con naturalidad. Utilizar mis propias expresiones. Mencionar situaciones familiares o culturales y sentir que no tenía que detenerme a explicar cada detalle. Podía hablar desde un lugar mucho más cercano a quien realmente era.
Por supuesto, compartir nacionalidad o haber vivido una experiencia migratoria no fue lo único que permitió que el proceso funcionara. También fueron fundamentales su formación, su ética, su manera de escucharme y la confianza que construimos con el tiempo. Pero sentir que podía hablar en español con alguien que comprendía la experiencia de migrar me permitió bajar una barrera que yo no quería tener dentro de mi proceso terapéutico.
Varios años después, ella continúa siendo mi terapeuta. Y decirlo me parece importante porque los terapeutas también necesitamos terapia. También necesitamos un lugar donde podamos hablar, dudar, llorar, pensar y reconocer que no siempre sabemos qué hacer.
Mi proceso terapéutico no me hace menos profesional. Me hace más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a otra persona. Me recuerda lo difícil que puede ser pedir ayuda y lo valiente que es confiarle nuestra historia a alguien más.
La pregunta que dio origen a Sentirem
Mi experiencia como paciente y migrante comenzó a despertar una pregunta dentro de mí:
¿Cuántas personas están buscando lo mismo que yo busqué?
¿Cuántas personas viven fuera de su país y necesitan hablar con alguien en español? ¿Cuántas quieren encontrar a un terapeuta que comprenda su historia, su cultura o la experiencia de migrar? ¿Cuántas necesitan ayuda, pero no saben dónde buscar ni cómo elegir al profesional adecuado?
Yo había logrado encontrar a mi terapeuta, pero sabía que para muchas personas ese proceso podía sentirse confuso, distante o incluso imposible. Al mismo tiempo, desde mi lugar profesional, conocía a muchos psicólogos y psicoterapeutas con experiencia, ética y preparación que querían trabajar online y acompañar a personas de diferentes lugares.
Por un lado, había personas buscando ayuda. Por otro, había terapeutas preparados para acompañarlas. Lo que faltaba era un puente. Sentirem comenzó a nacer en ese espacio.
Mi historia y por qué fundé Sentirem
Sentirem nació de algo que yo misma había vivido. Nació de saber lo que se siente buscar a un terapeuta y preguntarte si realmente comprenderá lo que necesitas. Nació de la necesidad de hablar en tu idioma.
Nació de mi experiencia como migrante y de comprender que la distancia con tu país no solamente se mide en kilómetros. También se siente en el cuerpo, en los vínculos, en la nostalgia y en esas pequeñas cosas que extrañas sin darte cuenta.
Nació también de mi experiencia profesional. Después de más de diez años acompañando procesos terapéuticos, sabía que existen muchos profesionales preparados para ayudar, pero que no siempre tienen la oportunidad de acercarse a las personas que necesitan sus servicios.
Desde el principio tuve claro que no quería crear solamente un directorio lleno de fotografías y nombres. Quería que las personas pudieran conocer quién estaba detrás de cada perfil. Quería que pudieran leer sobre la experiencia de los terapeutas, comprender cómo trabajan, conocer sus áreas de especialidad y sentir un poco más de seguridad antes de tener el primer contacto.
También quería que los terapeutas pudieran mostrar su trabajo, compartir lo que saben y formar parte de una comunidad profesional. Sentirem nació de mi historia, pero dejó de pertenecerme solamente a mí desde el momento en que otras personas comenzaron a confiar en el proyecto.
Hoy se construye con cada terapeuta que comparte su experiencia, con cada persona que se atreve a pedir ayuda y con cada encuentro que comienza dentro de la plataforma.
Sentirem fue creado desde los dos lados de la terapia
Sentirem está construido desde una mirada que conoce los dos lados del proceso. Conozco el lugar del terapeuta: la responsabilidad de recibir la historia de otra persona, la importancia de escuchar con respeto y el compromiso ético que requiere acompañar un proceso emocional.
Pero también conozco el lugar del paciente. Sé lo que significa buscar perfiles y preguntarte con quién podrías sentirte cómoda. Sé que no siempre sabemos qué enfoque terapéutico necesitamos. Sé que una fotografía, una descripción o unas palabras pueden hacernos sentir confianza, pero también muchas dudas. Sé que comenzar puede dar miedo.
Por eso, Sentirem no busca decidir por las personas. Nuestro propósito es ayudarlas a conocer diferentes profesionales, comparar opciones y encontrar a alguien con quien sientan que podrían comenzar a hablar.
Cuando decimos “encuentra a tu terapeuta ideal”, no estamos hablando de encontrar a una persona perfecta. Hablamos de encontrar a alguien cuya experiencia, enfoque y manera de acompañar respondan a lo que tú necesitas en este momento de tu vida.
Mi enfoque terapéutico
Mi formación y mi trabajo clínico se encuentran profundamente influenciados por la psicoterapia psicoanalítica. Para mí, una persona es mucho más que una lista de síntomas. Detrás de la ansiedad, la tristeza, las dificultades en las relaciones o la sensación de vacío existe una historia que merece ser escuchada.
Por eso, durante un proceso terapéutico me interesa comprender los vínculos que han marcado a la persona, las experiencias que todavía tienen peso y los patrones que se repiten, aunque racionalmente sepamos que nos hacen daño.
Muchas personas llegan diciendo: “Sé lo que debería hacer, pero no puedo hacerlo”, “Siempre termino viviendo lo mismo”, “No entiendo por qué me siento así” o “No debería afectarme tanto”. Esas frases muestran que comprender algo con la mente no siempre significa haberlo elaborado emocionalmente.
Mi manera de acompañar busca ofrecer un espacio cercano, respetuoso y sin juicios. No creo en las recetas universales ni en apresurar los procesos. Cada persona tiene su propio tiempo y su propia manera de acercarse a lo que siente.
Creo profundamente en el poder de ser escuchados. A veces, cuando una persona puede contar su historia en un espacio seguro, empieza a descubrir cosas que siempre estuvieron ahí, pero que nunca había podido mirar de otra manera.
A quién acompaño
A lo largo de más de diez años he acompañado a personas que atraviesan ansiedad, angustia, duelo, conflictos familiares, dificultades en sus relaciones, inseguridad, problemas de autoestima y momentos importantes de cambio.
También he acompañado a personas que no saben exactamente qué les sucede. Personas que aparentemente están bien, pero sienten un vacío. Personas que cumplen con sus responsabilidades y continúan avanzando, aunque por dentro se sientan desconectadas. Personas cansadas de repetir las mismas relaciones, los mismos miedos o las mismas formas de tratarse.
Y personas que, como me sucedió a mí, necesitan hablar de lo que significa migrar, adaptarse y tratar de construir un hogar lejos de su país.
No necesitas tener un diagnóstico para comenzar terapia. Tampoco necesitas saber cómo explicar todo lo que sientes. Puedes llegar con dudas, silencios o simplemente diciendo: “No sé por dónde empezar”. Muchas veces, esa frase contiene todo lo necesario para comenzar.
Formación y experiencia
Soy psicoterapeuta con una maestría en Psicoterapia Psicoanalítica y tengo más de diez años de experiencia clínica. Mi manera de trabajar está sostenida por mi formación, mi experiencia profesional y los procesos terapéuticos que yo misma he vivido.
Para mí, la formación académica es fundamental, pero no es lo único que hace a un buen terapeuta. También son importantes la ética, la supervisión, la escucha, la actualización profesional y la capacidad de reconocer los límites de nuestra práctica.
Un terapeuta no necesita tener todas las respuestas. Necesita saber acompañar, preguntar, escuchar y reconocer cuándo una persona requiere otro tipo de atención. Esa es también la responsabilidad profesional que quiero que forme parte de Sentirem.
Mi visión para Sentirem
Mi sueño es que Sentirem sea mucho más que un directorio. Quiero que sea una comunidad. Un lugar donde las personas puedan encontrar apoyo emocional sin sentir que la distancia, el idioma o la falta de seguro médico hacen imposible comenzar.
Quiero que alguien que vive lejos de su país pueda entrar a Sentirem y descubrir que existen profesionales que hablan su idioma y que pueden comprender diferentes aspectos de su historia. Quiero que las personas tengan opciones. Que puedan conocer diferentes enfoques, especialidades y maneras de acompañar. Que puedan elegir con libertad y sentir que forman parte activa de su propio proceso.
También quiero que los terapeutas encuentren un espacio donde puedan mostrar su trabajo, compartir sus conocimientos y crecer junto con otros profesionales.
Sentirem no nació para reemplazar el vínculo terapéutico. Nació para hacer posible ese primer encuentro. Para acercar a una persona que necesita hablar con alguien preparado para escucharla. Para ayudar a que una frase tan difícil como “necesito ayuda” pueda encontrar una respuesta humana.
Para quien está buscando terapia
Si llegaste a esta página porque estás buscando a un psicoterapeuta hispanohablante online, quiero decirte algo desde un lugar muy personal: yo también estuve ahí.
También busqué perfiles. También me pregunté si encontraría a alguien con quien pudiera sentirme cómoda. También necesité hablar en español y sentir que una parte importante de mi historia sería comprendida. Por eso sé que dar el primer paso no siempre es sencillo.
No tienes que encontrar al terapeuta perfecto inmediatamente. No tienes que saber cuál es el mejor enfoque ni tener completamente claro lo que quieres trabajar. Puedes comenzar con algo mucho más sencillo: buscar a una persona que te inspire confianza y permitirte tener una primera conversación.
En Sentirem puedes conocer psicólogos y psicoterapeutas hispanohablantes de diferentes países, especialidades y enfoques. Hay sesiones online desde $30 USD y no necesitas contar con seguro médico para comenzar.
Sentirem nació, en parte, porque yo también necesité encontrar a alguien que pudiera comprenderme. Tal vez tu historia sea diferente de la mía. Pero espero que, al leerme, puedas sentir que no estás sola ni solo en esta búsqueda.
Pedir ayuda no significa que no puedas con tu vida. Significa reconocer que no tienes que atravesar todo sin acompañamiento.
